Cre-ando Paisaje (Jamones y Chumberas). Rodrigo Vargas

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Las sendas angostas// Texto_ Raul Guerrero.

El campo, siempre el campo.
Hasta hace muy poco, el campo lo fue todo. No por explicable menos sorprendente el que hoy constituya para tantos individuos realidad tan ajena como las zonas polares. Obsesión tan primaria, género artístico tan rancio, y el Paisaje, el paisaje "natural" – con tantas comillas como puedan caber en un trigal -, acaso tenga ahora mismo más preguntas que responder que nunca.

Las preguntas, claro está, son tan viejas como el hombre mismo. Incluso las respuestas tampoco han variado mucho. Parece seguro que estuvimos mucho antes interesados en la intervención del paisaje que en su representación. Por algún motivo, se decidió iniciar la Historia del Arte por la última página. Cualquier experto puede demostrar que el Land Art fue primero, y que aún habrían de pasar milenios hasta que la figura del paisajista de caballete entrara a formar parte de los círculos artísticos. El paisaje pintado – o fotografiado – siempre fue un recortable. El paisajista "reproductor", aun habiéndose finalmente apropiado de la categoría de Artista sobre el "interventor", quien había pasado a agremiarse aparte como Ingeniero de Puentes y Caminos, aun así, digo, el Pintor guardaría un íntimo, platónico rencor hacia su más avispado colega, al ser consciente de que por mucho que él engañase al ojo, el Interventor, más en el mundo y con los pies más en la tierra, siempre estaría estampando la firma de su humanidad sobre el paisaje mismo, y no sobre un pedazo de lino. Aunque el pintor siguió pintando, nunca dejó de tener en mente su paradoja (øsu fraude?) esencial: Todo Paisaje Es Imposible. El hecho de que Rodrigo Vargas sea, él mismo, producto inequívoco del campo, tanto como un puercoespín o un párrafo de Miguel Delibes, no le ha impedido combinar desde hace años la familiaridad del nativo con el extrañamiento de quien está dispuesto a dejarse extrañar. Trasplante de ámbitos. Intercesión geométrica. Visita del Tigre Blanco, del Ilustrador de Santillana y otras fuerzas de la naturaleza. El dios Photoshop irradiando vida a frutos insospechados. Y entre el puente de hierro y la venta de carretera, unos minutos para la Publicidad. Y a la vuelta de la tercera curva, pasado el camposanto, un poco más allá del hostal El Madero, un bar "Top-Less". Cierre del Paisaje, en de la road-movie.

Ciclos que se reciclan.
No ocultaré que no he asistido a los paisajes (o lo que sean) que aquí se presentan sino a través de la pantalla del ordenador. Sombras de sombras. Lo lamento como espectador, lo celebro como comentarista. Porque añade a la obra un nuevo juego de relieves que la dota de una carga significativa aún más compleja. Nueva enajenación. Nuevo trascender. Redes y más redes. Y, claro está, otra vez El Viaje – siempre El Viaje. Las pedregosas realidades extremeñas injertadas, instantáneamente, en la húmeda campiña del sur de la Británica. De Los Lagos del Serrano a Lingfield, Surrey. Rodrigo Vargas meets John Constable. Mr Vargas, I suppose? Ya nos sea más cotidiano, ya seamos catetos de ciudad: releer, rememorar el Paisaje. Nuestro Paisaje. Eso que empieza más allá del último Centro Comercial, y que no queda más remedio que atravesar cuando queremos ir de una ciudad a otra.

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