El margen visible de Juan Carlos Robles

Videoclub Simba, 2005. Vídeo

Cada nueva incursión de Juan Carlos Robles (Sevilla, 1962) en los dominios de la nueva concepción estética que da cancha prioritaria en la “obra de arte” a cuestiones antropológicas, sociológicas, éticas y políticas, haciendo que la creación no se entienda como un fin recortado y encerrado sobre sí mismo, sino que se haga porosa y sea capaz de inscribirse en posibilidades mucho más amplias, constituye una reafirmación del interés de su práctica. Robles siempre anda a la busca de las imágenes fotográficas y videográficas que mejor puedan representar la esencia de la sociedad actual y registrar los escenarios fugaces de la experiencia de vida cotidiana de hoy, o sea, los denominados no-lugares, territorios urbanos del margen, del anonimato y del encuentro casual, donde difícilmente podrá el hombre articular su identidad y el mundo que nos rodea, presionado por la emigración, la homogeneización cultural y la globalización.

Esas imágenes “del margen” (pasajeros en el metro, casetas de control de tránsitos, escaleras mecánicas llenas de gente, exteriores e interiores de infraviviendas, personas durmiendo en medios de transporte, geometrías de la señalética ciudadana, buzones domésticos de correos, escenas suburbanas…) Robles las viene buscando en la Barcelona de su formación inicial (se licenció en la Facultad de Bellas Artes de Sant Jordi en 1989, época de la alza del conceptualismo catalán), en Berlín (ciudad en la que entre 1993-95 amplió estudios y ahora trabaja), en Nueva York (donde residió, becado, en 1996 para estudiar tecnología del vídeo) y en Sevilla (su lugar natal y otro de sus centros de trabajo). Se trata de unas imágenes de índole más reflexiva que crítica, imágenes empeñadas en relacionar arte y vida, e insistentes en cuestiones de identidad híbrida y en “descripciones” de tensiones entre espacio y sociedad, en un proceso de búsqueda sensorial, cognitiva y ética. El proyecto que ahora presenta, titulado Bajo el sol estroboscópico, se centra en el barrio sevillano de Las 3.000 Viviendas, en el que desde hace veinte años vive realojada una población muy humilde. De esa población variopinta aquí vemos y oímos a algunos de sus protagonistas más o menos anónimos, como el motejado El Cuervo, al que se dedica el díptico fotográfico que abre la exposición, o los que sucesivamente toman la palabra en la proyección de Videoclub, o los jóvenes Hombres intermitentes de las transparencias instaladas en cajas de luz dotadas del parpadeo cegador de la luz estroboscópica. A todos ellos sirven de enmarque los dos murales de “vistas” Ciudad habitada y Palabra de honor.

Exposición planteada como puro y duro posicionamiento reflexivo, que propone un recorrido sobre cuatro situaciones o marcos de identidad y urbanidad, que convierten a la obra y a la galería en espacio de cultura, en el más amplio sentido.

www.elcultural.es /José Marin Medina

Bajo el sol estroboscópico
Galería Oliva Arauna
. Barquillo, 29. Madrid. Hasta el 15 de junio.

 

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