Esto es el acabose ( The End · Miki Leal )

Miki Leal · The End

Sólo un ignorante en materia de arte contemporáneo como Arthur C. Danto pudo tomar las cajas de detergente Brillo de Warhol como el final del arte. Si es cierto que el tema del fin -en el sentido de la muerte del arte, pero también de su para qué- había sido ya tematizado por Hegel en sus Lecciones de estética (impartidas entre 1817 y 1829), para la fecha en que éstas aparecieron editadas (1835), ya Niepce y Daguerre estaban poniendo a punto un invento que muchos considerarían por entonces como la muerte o el fin del arte. Éste, sin embargo, como es sabido, no murió con aquella intromisión de la fotografía en su territorio, sino que, de algún modo, salió más reforzado en busca de nuevos recursos expresivos.

 

Otras muertes anunciadas. De aquellos recursos nacieron malgré tout nuevas muertes anunciadas del arte. Se cuenta, por ejemplo, que tras visitar el Salón de la Aviación de París en compañía de Brancusi y de Léger, Duchamp declaró: «La pintura se acabó. ¿Quién podría hacer algo mejor que esta hélice?». Y es bien posible que en sus ready-made se haga efectiva de algún modo aquella muerte anunciada del arte, pues si una pala de nieve, un peine, un botellero o un urinario pueden ser presentados y considerados como objetos artísticos, es que cualquier cosa es arte, y el arte mismo parece haber terminado.

También Malevich percibió su propio Cuadrado negro como una cierta muerte del arte: «La mayoría de la gente -escribía en su Manifiesto suprematista de 1915- considera la ausencia de objetos como el final del arte». Y sin embargo, no murió. Por eso, cuando en 1958 Yves Klein expuso el vacío en la galería Iris Clert de París, ya nadie podía tomarse seriamente aquello como una muerte, y, sin embargo, fue también percibido como un final. El que se anunciaba también en las latas de Merda d?artista, de Manzoni, o en su pedestal invertido La socle du monde, por el que el mundo mismo se proclamaba como obra de arte.

Por eso, cuando Miki Leal se enfrenta ahora irónicamente a una serie de monotipos que representan los fotogramas finales de algunas conocidas películas, en todos los cuales aparece el lema común del «The End», «FIN» o «Fine», alude con ello deliberadamente a muchas otras muertes del arte contemporáneo o de sus pretendidos finales. De hecho, una muerte adicional se renovó con la propia aparición del cine, para el que -por cierto- la mera innovación técnica del sonoro supuso otra tragedia, y fue percibida por muchos como la muerte del teatro. Pero el cine mismo creyó morir en su momento con la aparición de la televisión.

Serie infernal. Y esa serie infernal se continuó en la pintura y en la escultura de los años sesenta con la doble tradición del arte minimal (que liberaba una vez más al arte de todos sus contenidos expresivos) y del conceptual (que, por el contrario, se regodeaba en las cualidades expresivas de la idea o del concepto). También el minimal fue percibido en su momento como una muerte del arte, tanto en los cuadros de barras de Frank Stella, como en las esculturas ortogonales de Donald Judd. Lo mismo que el conceptual fue tachado explícitamente de «muerte del arte» en la divertida lectura que Tom Wolfe hacía de la Historia del Arte americano en su libro titulado Palabra pintada. Cuando un artista como Robert Barry presentó en 1969 en galería su Pieza telepática, obra que consistía en comunicar telepáticamente desde su estudio una obra de arte a los espectadores asistentes a la inauguración, ¿de qué otra cosa podría hablarse sino de «muerte del arte»? De hecho, a finales de los años setenta, muchos críticos (y entre ellos, también algunos españoles) consideraban que el conceptual había conducido al arte a un callejón sin salida.

Miki Leal se sirve de la iconografía cinematográfica, utilizando precisamente las palabras «The End», no sólo para referirse a ese fin reiterado del arte -que, a pesar de todo, no acaba de morirse-, sino también para homenajear al cine, al arte minimalista -por cuanto sus imágenes son presentadas aquí sin historia, ajenas a cualquier tipo de narración y, por tanto, con un absoluto vaciamiento de sentido-, y también al arte conceptual, al recoger, haciendo un guiño explícito a dicha tradición, la palabra «fin» en su representación visual cinematográfica, y hablar con ello explícitamente del fin propio del arte.

ABC DE LAS ARTES Y LAS LETRAS / Por Miguel Cereceda.
15 de marzo de 2009 – número: 894

http://n4abc10.abc.es/abcd/index.asp

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