Irónicos caníbales. Matías Sanchez

El Buen Fin. Óleo sobre lienzo. 200x200 cm. Año 2003

Matías Sánchez (Tubingan, Alemania) debe ser el último pintor barroco conocido. Esto no es una afirmación voluntariosa ni optimista, es una constatación. Quienes se enfrenten a las obras del artista quizás no puedan acertar a descubrir dónde reside ese hálito barroco en medio de este aparente expresionismo callejero, mundano, desacomplejado, ácido y escatológico.

Tras un primer nivel de comprensión, podemos descubrir sin esfuerzo a un pintor de profunda alma barroca, que se rezuma en la codificación simbólica, en un cierto horror vacui, en el gusto por el elemento pictórico y material, que a veces llega al empastamiento y al non finito, en el elemento humano como presencia y eje fundamenta de la obra y, sobre todo, en una voluntad de artificio que redunda en una exagerada capacidad para impactar, sorprender y escandalizar cómicamente. Ha deglutido el artista todos los rasgos del arte último, desde las vanguardias históricas hasta el Pop, desde los estertores del expresionismo abstracto, la pintura social, la generación de los ochenta y las nuevas posturas de la figuración española hasta los ademanes del cómic y el graffiti. Comida salvaje que ha digerido durante largo tiempo y hoy nos vomita encima. Y no es el único, hay más «irónicos caníbales» que como él están desarrollando un nuevo concepto figurativo.

Ivan de la Torre. Catálogo Cavecanem Arco 03.

http://www.vazquezdiaz.org/singu.htm

 

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