Javier Martín: «Hay grandes galerías que venden malos artistas»

Javier Martín, ante una de sus obras. Foto: FELIPE GUZMÁN

 

Tiene la osadía de la juventud y de quienes son hijos de Internet y las nuevas tecnologías, aunque a pesar de ello, Javier Martín (El Viso del Alcor. Sevilla.1989), ha elegido el lienzo y los pinceles para poder plasmar sus creaciones.

Pasó por la Facultad de Bellas Artes, «pero no aprendí nada. Llegué y lo que me enseñaban ya lo habían aprendido en los talleres de pintura de la Casa de Cultura de mi pueblo. Hay profesores que se salvan, como Lara Barranco o Dionisio González, pero está cantando que habría que cambiar al 85 por ciento para darle un giro a esa facultad. Es un centro endogámico, ya van por la cuarta generación«, afirma.

No se identifica con su generación, sino más bien con aquella que reúne a nombres como Miki Leal o Pereñíguez, y piensa que la de los 80 ha sido la mejor de los últimos tiempos en Sevilla, «aunque había de todo, y actualmente lo que hay en la ciudad son muy buenos pintores, eso sí».

Ve su pintura más como una figuración que como abstracción. Ha trabajado en Sevilla y en Berlín, donde estuvo casi un año con una beca Iniciarte, «aquella es una ciudad cultural por excelencia, se respira la pintura por todos sitios», y no teme a la crisis económica, «de la crisis salen grandes obras, ahí está el barroco andaluz. Sí, ahora está mal para quien empieza, eso sí», asegura.

Javier Martín pinta con enormes paletadas, su forma de enfrentarse al cuadro es matérica y colorista. «Que haya tantos artistas es debido a la democratización del arte. Mejor dicho, hay mucha gente que se dedica al arte y pocos artistas. Pero el sistema a veces determina quien lo es. ¿Con treinta, con noventa? Ahí está Louise Bourgois, con más de noventa y aún creando. Lo malo en todo esto es el marketing. Grandes galerías venden malos artistas, y los venden. Eso es lo malo».

Se ve más en el espejo de autores como Kippenberger, aunque quizás como él sus «travesuras» aún no van más allá de plantear al público el dilema de enfrentarse a un cuadro repleto de símbolos.

MARTA CARRASCO

www.abc.es 

 

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